Ya no recuerdo el motivo que me hizo
enamorarme de ti. No tengo ni idea y si me pongo a repasar un posible motivo no soy capaz de encontrar algo más que lágrimas. Siempre dijiste que el amor duraba para
siempre, quizás otros no pero que el nuestro sí lo haría. Sin embargo, incluso el nuestro llegó a verse afectado por el tiempo. Él fue quién lo
carcomió como una polilla alimentándose de pelusas en un ropero viejo. Él fue quién como fuego,
quemó y
arrasó con todos aquellos sentimientos.
Desgastado, ahora está desgastado. Aún somos capaces de
mirarnos, de
sonreírnos e incluso con toda la falsedad del mundo, decirnos que
nos queremos. Pero no es más que una burda parodia de nosotros, que ya no somos los mismos.
Parecía ayer cuando te conocí. Fuiste mi
amigo y para serte sincero no hubo nunca más que aquello. Quizás en algún punto la amistad se
disfrazó de amor y entonces fue cuando como un odioso niño con un precioso juguete nuevo, nos besamos y fuimos novios. Éramos felices, o quizás eso era lo que queríamos aparentar ante los ojos del mundo.
Vivimos escondidos, como ratas. Teníamos
miedo, miedo de que alguien nos descubriera, miedo a no poder estar nunca más
juntos. Pero con el tiempo, aquel miedo se convirtió en
morbo o quizás fue el comienzo de desgaste de una pieza rota en nuestra increíble relación. Éramos
tontos,
jóvenes. Y a nuestro corazón le dio la tentación de enamorarse.
Después llegó la primera mentira piadosa, la más inocente de todas. La que más duele al ser descubierta. Debo admitir que jamás desconfié de ti, quizás tú tampoco de mi y aquello fue nuestro mayor error. Habían
dudas, dudas pequeñas, cuestiones que soportan no ser resueltas, pero con el tiempo fueron preguntas, preguntas dolorosas, respuestas hirientes que se clavaban en lo hondo.
Soportamos aquello. Nos queríamos, podíamos perdonarnos una vez tras otra. Lo resolvíamos todo con un
beso, un manoseo; Tu mano que recorría mi espalda, mis labios y mi lengua que buscaban los tuyos y ser enroscada, aquel movimiento exasperante de nuestros cuerpos desnudos, desesperados por resolver algo que ya
no tenía solución.
Éramos
amigos. Lo éramos en un principio y ante los ojos del mundo no fuimos nada más. A ti aquel hecho te
dolía y yo que era consciente no hacía
nada por resolverlo. Quizás nunca me di cuenta de cuánto te quería. Pero ya sabes lo que dicen.
Ahora todo aquel
amor, todo aquel
rencor y el
dolor profundo que penetraba como una bala de acero en el
corazón. Toda la bola enorme de sentimientos que tragábamos una vez tras otra, después de cada una de las discusiones que manteníamos. Todo aquello, ya... No es
nada. Se ha juntado todo, con aquello hemos hecho un muro de recuerdos y sentires y con todo el pesar y cansancio del mundo, hemos decidido
romperlo.
No siento
nada. Incluso ahora si alguien me preguntase si te continúo queriendo, no sabría que decir. No contestaría con un
no rotundo, puede que lo hubiera hecho tiempo atrás pero ahora ya no. Tampoco diría que
sí, pues no me veo capaz de poner en mi boca más palabras que no son ciertas.
Nada, es eso lo que siento. Siento por ti tan poco, que acallaría rotundamente mis labios rosas si alguien preguntara por ti. Por primera vez, siento que sería la última y única vez que nos corresponderíamos en
algo.
Incluso la más flamante llama se apaga.
Noah.