Última carta de amor.
- Te dejo ir no porque no te quiero, sino porque te quiero lo suficiente. Conté muchos días y doblé todas sus noches, en pensarte y recordarte y extrañarte y querer olvidarte, en iglesias y albercas y billares y tequila. Hubo una historia completa entre los espacios que nos sobraban de vida, donde el inicio fue muy corto y el final fue muy amargo, y el acabar de cada capítulo me dejó siempre sin aliento. Al terminar te quiero como te quise cuando empezó todo, y te regalo cada suspiro y cada lágrima y cada sonrisa y cada latido y cada abrazo y cada mañana de esperar tu llegada. Te dejo ir porque hay alguien más que te espera, y puedes llevarte todo lo que me diste para dárselo a ella. Yo estaré bien, yo aprenderé a soltarte persona a persona en cuyos ojos quiera encontrarme con los tuyos. Y habrá un día en que ya no te estaré sujetando en ninguno de mis pasos, y me bastará haber vivido sólo y todo lo que me tocó vivir contigo. Te dejo ir para que te vaya muy bien sin mí, porque algún día volveremos a encontrarnos y te quiero encontrar feliz.
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Retrato de un amor a primera vista.
Bajo la funcionalidad absurda de la desesperación y el orden del desorden que nos une. Bajo las estrellas brillantes y nocturnas, palpitantes que el cielo omnisciente detiene. Sobre tu mirada, sobre las sonrisas y los gestos. Sin ceder ante el posible encuentro que seguramente no se de; nos olvidamos.
Inclino la mirada y dejo de observarte y pese a todo aún soy capaz de recordar aquel día como si fuera ayer, el vago e irreconocible anhelo de aquella sensación que causaste en mí. Te conocí en un día frío y nuboso, el cielo de aquella ciudad rezumaba soledad, ya que por aquel entonces aún no conocía el relato de nuestro próximo amor, se bañaba con el sentir agrio de ver pasar el tiempo siempre con el mismo color perlado y marchito. Quizá porque te conocí un día frío y nuboso fue que me enamoré de la sonrisa torcida y triste que se desdibujaba de a poco en tu rostro. De esos labios fruncidos, secos y de apariencia melocotonera, de aquellas cejas arrugadas, finas y tan oscuras como el resto de tu cabello enmarañado. De aquellos ojos diamantinos, bicolores y hermosos, que llamaban espectacularmente la atención con aquel brillo de un recuerdo de alguien que aún todavía no había dejado de soñar, pero que se hallaba desencantado del propio encanto de esto. Orbes pequeños y entrecerrados y pese a todo vivaces y atentos, cubiertos cuidadosamente por una mata de pelo curvado de un color tan opaco como la más oscura de las tinieblas. El vago recuerdo de cómo debía verse tu cara entonces, hace que algo dentro de mí se revuelva. Mas sin embargo, soy capaz de recoger pedazo a pedazo aquel mismo temple que tú, con orgullo de capa caída, llevabas entre tus manos con el miedo a ser olvidado. Robusta y siniestra apariencia, de tez semejante a la nieve recién caída, fría y pálida como un muerto. Amor, ¿Qué era el amor para un niño que a la edad de doce años se hacía esa pregunta? Puede que nunca lo supiese o quizás sabía lo que era todo el tiempo, pero estoy seguro que en tus huesudas manos de largos dedos y uñas mordisqueadas, pude encontrar una respuesta. Mi madre siempre repitió una vez tras otra que no se ha de mirar la edad de una persona, pues aquel sentimiento palpitante que ahora me ahogaba el pecho, no se hallaba en esa parte de una existencia como la tuya o la mía. Por eso fue que me enamoré a primera vista, de aquella vida vana.Con petulante elegancia te colaste entre las rendijas de mi vida. Pude saber para entonces que eras orgulloso como un ejército de Geishas, cuales paseaban sus infinitas caderas con aquellos zancos de madera de bambú con tal gracia imposible para un simple mortal. Honorable, sin embargo y fiel a tus principios de hacer siempre lo que el corazón te dictase hacer. Aún hoy en día y pese a sentir en mi difícil corazón de enervado sentimiento que he de olvidarte como si jamás hubieras sido nada más que una visión y producto del afán de amar que le corría demasiada prisa a un niño como yo era entonces, te evoco, y puedo susurrar tranquilo esta noche oscura y solitaria mi retrato de mi amor a primera vista.- 0 Comments
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Niña gitana.
¿Dónde ibas, tan cargada de ti misma? Que en las noches más intensas, apareciste frente a mis ojos, con encanto y un manto blanco sobre los hombros. Misteriosa muda traicionera, que en noches como esta te escapaste de mi cariño inexorable. Muchacha agraciada, ¿Qué llevas en aquella cesta de armiño? Porque estoy casi segura de que no podría ser tu niño. Pero... ¡Ay, chiquilla! Que me traes engañá, entre el casi y el segura, pude escuchar. Si me mintiera ahí mismo, no podría aclarar pero con certeza, yo te puedo asegurar; ahí se escucha una niña con la voz hipá, rezumando desde infinita tristeza un cántico tratando de simular, las viejas nanas gitanas que tu abuela te sabía susurrar.
¿Cómo pensar que has sido tú? Ay, mi niña gitana, si a mis ojos no eras nadie más, una de tantas. Te me meces como el viento, con la cara resguardá. Tapá con un pañuelo viejo repleto de agujeros, te vendes al olvido. Como viejo amigo, miras sus ojos cansados y te ciernes a la nada. Caes, perezosa niña gitana, caes y rompes tus alas.
¿Cómo saber que eras tú, la que no sabía agitar las alas? Ahora ya rotas, lamento no haber hecho nada. Niña, la cesta de armiño se rompe y se quiebra, pero tranquila, la niña ya no simula siesta y ya puedes respirar, que se te escapa dentro de la sombra de lo que alguna vez tú supiste dar. Ahora ya no se escuchan lágrimas derramar y el llanto de cuna ya no vuelve a sonar jamás.
Dime, niña gitana, ¿A caso podremos vernos de nuevo mañana? Ten cuidado con las riendas, no tropieces y no caigas.
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Deletreando.
Gateando hasta rastrear los huesos que dejaste perdidos, inundados de amargura y fríos, me siento y dejo en claro que intento olvidar la amargura que me recorre, que ya no es tanto el sentirme vivo, como el hecho de estar vacío. Te me apareces a tientas y me agarras, dejas en mi toda tu vida, tus notas y las estrofas. Me quieres, me odias. Trazas una fina línea que me marca cuales son mis límites, pero no la obedezco. Nos encontramos cara a cara, me miras y te miro pero en la tuya no hallo nada más que unos ojos que brillan vacíos y a la vez llenos de cosas que jamás supe interpretar y que nunca sabré entender. Te me abres por el costado y me enseñas las entrañas que tan llenas de cosas tienes, pero no sé distinguir nada, sólo se ver sangre y el gesto en tu cara que me anima a seguir observando, a continuar con aquella hazaña bárbara mientras tú misma, ante mi ansiosa mirada, te rompes el alma.
Y me duele, bueno o aunque sea me dolía hacía tiempo todo lo que a ti te dañaba, pero creo que mentiría si te dijese que todavía sufro de la misma manera, que todavía disfruto viéndote hacerte daño a ti misma, porque hace tiempo dejé de observarte como una bombilla de luz para un mosquito extraviado. Ahora probablemente seas otro tipo de faro, uno más brillante y sin duda, increíblemente lejano.
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El tiempo.
- Mientras nos despeñamos nos tomamos de las manos una última vez. No hay nada que decir, tu mirada me embarga y puedo descifrar y creer en lo que tú crees. Es cierto lo que me dices con los ojos, comprendo el brillo y las lágrimas ausentes que no quieren darse a conocer. Lo entiendo, lo sé.
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Insomnio.
- Ayer, igual que hoy y como viene pasándome desde hace dos años, tengo mucho sueño; pero no puedo dormir. Me he levantado temprano sin pegar ojo en toda la noche y me he sentado en el sofá rojo de cuero desgastado de siempre. He mirado tres horas fijamente hacia el techo y finalmente, cuando ha sonado la alarma me he levantado, duchado y hecho un té de cebada y orégano.
Hoy, como viene pasándome desde hace dos años, tengo insomnio.
Cuando tienes insomnio la vida pasa a tu lado como una desconocida vestida de blanco, los días se suceden sin que te des cuenta, olvidas las cosas que pasan a tu alrededor y te cuesta mucho concentrarte, además de tener la mayor parte del tiempo, un humor de perros.
Sin embargo no me siento cansado.
Me levanté y me miré al espejo después de quitarme un pijama de rayas y lleno de agujeros. Había perdido mucho peso en los últimos años.
Debí tener la mirada mucho tiempo ocupada en el reflejo, porque cuando me di cuenta de que seguía ahí parado y sin hacer nada, sentí un dolor en el estómago que se mudó a algún lugar de mi pecho.
Yo recordaba muchas cosas en noches como aquellas, que sin duda eran largas y se postraban despiadadas para mí. Tratando de ocupar mi mente con algo, sólo recordaba. Me venían a la cabeza muchos momentos y muchas personas. Los lugares que había visitado y lo mal que me sentía respecto al mundo. Había veces que recordaba un poco de ella también y aunque era difícil; pues a penas ya podía recordar su cara, aún provocaba en mí la misma sensación que cuando la conocí, debió haberme causado.
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Contigo.
- Tómame la mano y movámonos juntos. Emprendamos viaje hacia un mundo que desconozcamos y pongámoles un nombre. ¡Sonriamos! Hagámonos viejos y recordemos momentos pasados al lado de nosotros mismos. Abracémonos y dejemos pasar el tiempo, tomémonos de la mano sentados en un banco. Y luego, cuando el tiempo de estar contigo y tú conmigo haya pasado, muramos juntos, abrazados mientras aún nos amamos.
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El canto de las cigarras.
- Descansó la vista en algunas amapolas que yacían desperdigadas por el camino de vuelta a casa. Había sido un día largo y había tardado en llegar la noche lo suficiente, pues el verano había arribado con notables ganas de quedarse. Tenía los ojos desperdigados en el paisaje que se sucedía al ritmo de sus pedales, despacio o rápido, lento o precipitado. Admiraba como no cambiaba ni un ápice a su paso. Escuchaba con no demasiada atención el ruido de los grillos y las cigarras entre los arbustos a ambos lados del camino. Hacía un calor infernal.
¡Era verano! Después de todo, tocaba aquello, y sin duda había llegado tan rápido y siendo tan esperado que le había parecido que nunca había sido invierno. Es extraño, porque aquel año habían habido muchas lluvias y temporales, pero se sentía como si no fuera capaz de recordarlo. Echó un poco vista atrás y se observó a si mismo anhelando el invierno de vuelta. Aunque, su estación favorita, para ser francos era el otoño. Le había parecido siempre, pese a opiniones contrariadas, una estación maravillosa y también increíblemente hermosa.
Le gustaba pasar por su patio a ver las rosaledas y los árboles caducas quedarse desnudos y agitarse bajo el manto del invierno que entraba de puntillas; como el ligue de una noche que sale de tu cama y te deja desnudo nada más sale el día, y tú, te quedas dormido. Para ser sinceros, él era un hombre de pocas palabras, pero le encantaba observar las cosas. Jamás se arrepentiría de quedarse callado sin dirigir palabra a nadie por ser capaz de observar tan bien cosas maravillosas. Tampoco le echaría para atrás la consciencia de ser aquel motivo de no tener demasiados amigos. Así que, pedaleaba con la fuerza que le daba su cuerpo. No hacía mucho que se había empezado a dedicar a ello y quizá había tardado mucho en hacerlo, para ponerse justo en aquella estación, con toda la calor y justo cuando el Sol está más algo. Tampoco estaba en forma, no lo suficiente y se cansaba con mucha frecuencia.
Norman cerró los ojos y paró el vehículo de dos ruedas con sus pies, haciendo ruido y llevándose piedrecillas por delante, hasta que se quedó completamente sin ningún movimiento aparente. Se levantó del sillín, tumbó la bicicleta en el suelo y tomó una larga y tranquila calada de oxígeno. A veces, uno debía disfrutar del placer que provocaba estar solo. - 0 Comments
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Noche de tormenta.
- ¿Recuerdas cuando te metías en mi cama a causa de las pesadillas?Siempre decías que era sobre lo mismo.Caías.Pero decías que no era como si fueras a caer sobre algo, sólo caías. Yo no lo entendía, pero tú temblabas como una hoja. Era la sensación de hundirte en miseria por perderlo todo. A mí, a padre y a madre. Cada vez que tenías esas pesadillas estabas a punto de llorar.Así que te dejaba dormir conmigo, bajo la luz de la luna, sosteniendo mi mano.Tus ojos estaban muy abiertos y brillantes, casi como si buscasen algo. Creo que jamás había visto tanto miendo en mi vida. Pero sonreía para hacer que te sintieras mejor y te decía: "Si notas que estás cayendo, despiértate, voy a estar aquí, siempre estaré aquí, hermano."Y siempre caías derecho a dormir.Ahora, soy yo quien tiene pesadillas. No sobre caerme.Sino dejándote ir.
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Alzando vuelo.
- Levanto mi maza contra el mundo, la maza de castigo y decepción. Ejerzo como una fuerza que absorve, dejo fluir mis pensamientos e ideales a través de ella. Someto, aplasto y detesto. Dejo sobre los hombros de más hombres lo que los míos no quieren gozar de llevar.
Mato, asesino y no me compadezco de mí y mis recuerdos, después.
Sonrío y salgo a la calle, miro a mi esposa y le vuelvo a sonreír. Ella es una buena mujer, una mujer que jamás se atrevería desobedecer mi palabra y que en cambio, hace lo posible por llevarla más lejos. Jamás me cansaré de pensar que es una buena mujer. Sabe planchar los calcetines de maravilla y también hace un guiso de calamar riquísimo, me da lo que le pido.
Sin embargo, ¡Pobres idiotas! Aquellos tontos que no se dejan doblegar por mi reinado, aquellos a los que nada le es suficiente e intentan salir a la calle, gritar y deneterlo. Jamás supe cómo ha de sentirse estar en lo alto, pese a intentarlo de buena gana tantas veces. Ahora lo sé.
Tengo las manos manchadas de sangre, las gotas fluidas y líquidas han manchado mi rostro y ropa también, pero sigo como siempre. Algunos dicen prepotencia y llenan sus bocas de palabras burdas que no entienden. Pero aún así, levanto mi maza de poder y orgullo sobre el mundo. - 0 Comments
- Tag : Sobre las cabezas.
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Una persona que no sabía bailar.
Echó ambas manos sobre su cabeza, mientras un poco amargado y sentado sobre el sofá de una casa que no era la suya; escuchaba la melodía que sonaba de fondo. Era una canción bonita, aunque él no era un experto crítico en el mundillo musical era consciente de lo que podía gustarle a un oído y lo que podía resultarle súbitamente atonal. Era una balada Adagio a piano, tocada con tanto sentimiento que sentía que las lágrimas escapaban sin lugar a donde ir mejillas abajo.
Miró al reproductor en el que no paraba de sonar aquella melodía y sintió impaciencia y desazón.
Cuando supo que ya sus ojos no servirían más de contenedor para las lágrimas que querían salir, se levantó y fue a abrazarle. Fruto de sus lágrimas nació el dolor con el que sus brazos envolvieron al moreno amigo y amante desde hacía rato. - Te amo. - Murmuró, con la voz amarga y quebrada; siendo retenida y apagada por la ropa del otro, que también le abrazó.
- No seas tonto. - Escuchó.- 0 Comments
- Tag : A tu lado.
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Partes de otro conjunto.
- Bajo la funcionalidad absurda de la desesperación y el orden del desorden que nos une. Bajo las estrellas brillantes y nocturnas, palpitantes que el cielo omnisciente detiene. Sobre tu mirada, sobre las sonrisas y los gestos. Sin ceder ante el posible encuentro que posiblemente no se de; nos olvidamos.
Agacho la mirada y dejo de observarte. Hace dos años que nos conocemos y hace tan poco que podemos lucirnos de hacerlo, que me mata. Sueño que dejo de dormir y te veo, aunque en la realidad apartaría el gesto y dejaría de hacerlo; pero en mi sueño me miras, clavas tus pupilas en las mís y me preguntas cosas con los ojos, cosas que no entiendo y me aterro de la posibilidad del hecho de que quizás debiera saberlo.
Entonces despierto, ya no son dos años simples y curiosos de encuentros, ha pasado casi una decena de ellos y aún en tu mirada busco y hallo cosas indescriptibles. Me encuentro algo perdido y no puedo preguntar por dónde debiera salir, qué debiera hacer para liberarme o si realmente estoy retenido en este sitio.
A veces yo también me pregunto muchas de las cosas que probablemente tú te preguntes. ¿Qué soy? ¿Qué eres para mí? ¿Qué somos? Y si ese es el caso, si lograse hallar respuesta para las dos primeras preguntas; ¿Podría decirse que somos? Porque si no fuera así e hiciera tiempo que dejamos de serlo, no hay motivo por el que ahora, al abrir los ojos, te vea tumbado con gesto sereno sobre mi almohada.
Así que ahí me encuentro. En una especie de repetición de situaciones incómodas y momentos de infarto. Fijando como blanco de mi mira a tus castaños. - 0 Comments
- Tag : Nosotros vosotros y ellos.
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Desde martes, con jaqueca.
- Hasta lo que hubiera pensado cualquiera, incluso en aquel lugar tan inhóspito dentro de su cabeza, era que aquella suya, había sido una hazaña sin igual. Se había alzado el peto empolvado y había mirado con grandeza a todo su alrededor. Caerse era una de las virtudes de la vida y para alguien que trabajaba en el negocio de la ingeniería aerotécnica del arte de arreglar tejados, era algo casi común.
Se acicaló un poco con las manos llenas de grasa, la cintura del pantalón; y aunque la manchó, la dejó en su lugar y algo menos llena de polvo que hace casi nada, un rato muy pequeño. Miró con ímpetu a la escalera que no ayudaba nunca en nada e inconscientemente le echó la culpa por ser tan mala compañera. "¡Oh, no no no! Eso no se hace, vieja amiga. ¿Pero qué digo? ¡Amiga tú! Con amigos como estos, para qué querer enemigos..."
Casi mantenía una pelea con la pobre vieja y desdentada escalera y hubiera continuado, oh sí... Lo hubiera hecho encantado, incluso le hubiera alzado la mano a no ser que no hubiera llegado aquel hombre tan apuesto, con una pajarita enroscada en el cuello blanco de su camisa y una mirada casi de fábula. "¿Pero qué hace?" Escuchó y al pobre hombre de peto desarreglado casi le pareció que se le paraba el mundo y daba un vuelo. "¿Que no ve?" Dejó caer, como si todo el mundo peleara normalmente con escaleras y desaliñadas caídas tontas y antes de que pudiera proseguir, aquel hombre de camisa pulcra y gafas con cristal oscuro, comenzó a reír alocadamente.
El hombre del mono engrasado también dejó escapar una tonta risa de sus labios, casi sin pensarlo y antes de saberlo, se había enamorado. ¡A primera vista! Como en un cuento. - 0 Comments
- Tag : con jaqueca. Desde martes
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Ratón Ahogado
- Y en tus ojos me perdí, porque eran infinitos.
Como un ratón, estos eran pequeños y agudos y dentro de ellos podía observarse el miedo, corriendo de un lado a otro en el interior de esos ojos y te veía a ti, que parecías realmente inmune y fuerte para demostrar que en realidad te morías de miedo y eso me hacía sentirme asustado también. Yo no sabía a qué le temías, pero el profundo sentir del inminente final acercándose era incierto. Me pregunto si aún recuerdas esos besos, si sentiste el primero como un final y el segundo como la partida hacia esa carretera rocosa infernal hacia lenguas de fuego, las mismas que yacían enroscadas a los brazos de nuestro pequeño amor desde hacía tiempo, aunque nunca se sintiera así.
También me preguntaba constantemente tu nombre entonces, pero ya no; porque sé que tú siempre serás tú y nadie más.
No supe nunca si fuiste tú el que se puso aquel mote de ratón, ni por qué, pero quizás fuera porque estabas asustado y vagabas sin saber a dónde o te gustaba esconderte, o quizás el hecho de sentirte solo o incluso fuera sólo un capricho, quién sabe. Sólo sé que no pude sacarte de mi cabeza desde aquel día de mi cumpleaños, en Septiembre, cuando aquel curioso huracán tocó tierra. Recuerdo haber escuchado tu voz menuda con mucha claridad, también evoco a veces tu mano abarcando mi cuello sin ninguna delicadeza y la sensación plena de mi corazón gemir en mi pecho con pesadez.
Amor, ¿Qué era el amor? Puede que nunca lo supiese o quizás sabía que era todo el tiempo, no estoy seguro pero supongo que amor es eso que utilizas de escusa para englobar todos los millones de cosas que te hace sentir alguien. Si no me equivoco, estoy seguro de que en ese caso te amo como nunca jamás he amado a nadie antes y aunque ahora este sentimiento agujeree mi pecho, sé que una vez estuvo bien amarte, pero ya no lo sé; porque aún si este amor aún achicharra mis entrañas, no tengo idea de si está bien sentirlo.
Creo que soñé, lloré y me arrepentí muchas veces por su culpa antes de decidirme a escribir esto, pero hoy estoy aquí para que sepas algo, algo que probablemente ya sepas y deseo que evoques. ¿Recuerdas cuando estábamos refugiados al borde de un mundo real y otro inventado? En ese sótano que guardaba millones de libros. Yo recuerdo el momento de una de esas innumerables noches en la que con voz teatral, como sólo tú sabías poner, sostuviste un libro entre tus manos y me leíste Hamlet por primera vez, o la primera vez que vi volar tus dedos sobre ese finito teclado de piezas marfiles blancas y negras, creando unas melodía y unas danzas hermosas, o las cenas que hacías, que pese a no ser generosas, eran un manjar. Incluso las cosas más simples, como el trecho del mercado al sótano, caminando en silencio con el frío invierno calando nuestros huesos y la mullida nieve bajo los pies.
O cuando huías de mis palabras cuando yo trataba de acercarme y saber más de ti, incluso cuando te veía luego de tomar un baño, cuando te soltabas el pelo y de tu cuerpo emanaba hacia el techo el vapor. Tengo también algunos malos recuerdos, sin duda... Pero ni por asomo tienen ni la mitad del peso de los buenos, así que aún si está ahí, no se siente como tal.
Así que me despido, espero que te lleguen mis palabras y que este humilde deseo se lo lleve el viento.
Te estaré esperando, toda la vida si es necesario.Con amor, Shion. - 0 Comments
- Tag : Ratón Ahogado.
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/Entre estas paredes\
- Despertó viendo su silueta en el espejo. No era ese tipo de despertar de levantarse de una larga siesta o de dormitar, no... Había abierto sus ojos y despertado, estaba ensoñado con aquella imagen que le miraba expectante, como si allí se estuviera dando el más importante y raro hecho del mundo, en ese mismo instante.
Levantó un poco la vista, se sentía algo fatigado, miró hacia el techo. Hacía tiempo que no ingería comida alguna y aquel reflejo lo sabía muy bien, estaba casi huesudo, los dedos que antes solían ser rechonchos y rosados ahora eran pálidos y muy delgados. Su cara también había cambiado, en lugar de aquella sonrisa optimista de siempre, estaba una extraña mueca indescriptible. Quizás mirando a sus ojos podría saberse qué pensaba o cómo se sentía pero sus verdes, siempre alzados ahora estaban decaídos y a penas podía mirarse en aquel lugar tan oscuro. El pelo, rubio cenizo desde siempre, ahora parecía más castaño que dorado... Era como si se hubiera convertido en otra persona, él no se hacía caso de lo que aquel reflejo quería decirle.
Gritos, lágrimas. Despierta.
Abrió los ojos con más fuerza al tiempo que una lágrima corría por su mejilla, aún se atormentaba por el hecho de haberlo perdido, aún se culpaba por haberle hecho todo lo que al principio había soñado hacer cada noche mientras se mantenía preso bajo su cautela.
Estaba un poco perdido. Ya saben, esa sensación de ver por ti mismo que todo lo que temías y esperabas que llegase en un futuro muy, muy lejano se había presentado e ido al instante sin solo dejar una nota. Aún recordaba su cara, no lucía miedosa, pero lágrimas parecían acumularse tras los cristalinos que nunca se cerraron por si mismos. Le echaba un poco de menos, por eso recordaba terriblemente su rostro, aquellos ojos abiertos y mirada amable. Aquella sonrisa que se borraba por si misma.
- Es como si al cielo nocturno en una ciudad iluminada, le quitaras las únicas estrellas que brillan. Estaría solo. -Escuchó a su lado. Reconoció aquel tono superior y listillo y volvió la cabeza al instante, pero allí no había nada, estaba un poco agitado y sentía como el corazón le bombeaba con grata fuerza.
Sus hombros se sentían pesados. Antes él solía llevar una vida normal, salía a cumplir con su papel de empleado asalariado, iba a comer con sus amigos... Quería muchísimo a su esposa e hijo. Pero ahora, su mirada se mantenía fija en aquel cristal, que le devolvía el gesto con desprecio.
¿Hacía cuánto que se había convertido en aquello? No lo sabía, había perdido la cuenta de los años que llevaba dentro de aquel lugar sin otra tarea más que complacer y admirar a escondidas a la persona que ahora se yacía tirada en el suelo con su gesto sonriente y mirada perdida. Comenzaba a desprender un olor repulsivo, pero no le importaba permanecer allí mientras estuviese a su lado.
Una vez leyó en un libro en el que un tarado secuestraba a un niño, como se sucedían las estaciones, noches y días y el pequeño se iba volviendo cada vez más atraído por aquel hombre maldito. Era llamado Síndrome de Estocolmo, creía. En aquel entonces, su reacción de parecerle horrible y antinatural aquello había sido de lo más común, pero ahora él el que estaba en aquella situación.
Le echaba un poco de menos... Añoraba sentir sus manos recorriendo con crudeza su cuerpo desnudo. Sentirle profundizar su interior sin la más mínima piedad. Estaba un poco confuso y ya no sabía si sentir aquello estaba bien o mal. Cerró los ojos y sus rodillas automáticamente golpearon el suelo.
Las pastillas que encontró en el botiquín de detrás del espejo del cuarto de baño superior estaban haciendo su efecto.
- ¿Oigan? -Golpeó alguien la puerta. Escuchó como seguían gritando desde fuera, eran demasiado ruidosos. - ¡Abran la puerta! -Escuchó de nuevo, aunque ya no muy bien, seguido de un golpe que sí pudo detectar. Alguien corrió deprisa hacia sus pies, pareció resbalarse un poco, al abrir un poco los ojos vio la cara de horror de aquel hombre. Llevaba puesta una gorra de policía, con cuadros blancos y negros. No distinguía muy bien su rostro, pero un gran mostacho negro tapaba parte de su labio y nariz.
Alguien más se colocó a su lado, escuchó el sonido de las pisadas por todo el cuarto. Aquel hombre del gran bigote y él no estaban solos, concluyó.
-Oh dios mío... -Murmuró alguien horrorizado. - ¿Cómo alguien así ha podido hacer semejante cosa? - Quería saber si se trataba de él, por lo que decían aquellas cosas. Es cierto que su condición física no era la más óptima y que tal vez le faltaban músculos, pero no había nadie más en aquel lugar así que se sintió algo ofendido.
Gruñó, ya no sentía las fuerzas, pero no fue escuchado. En cambio el hombre del gran bigote negro se quitó de su alrededor y pudo contemplar borrosamente como iba junto a otro que apuntaba algo sobre una libreta.
- Ese hombre que está ahora tirado en el suelo fue secuestrado hace cuatro años, su esposa era gran amiga de la mía. Lo buscamos muchísimo tiempo, pero ni huella... Parece mentira que esto sea posible. -Escuchó un largo suspiro, pero la misma voz grave y ronca sonó de nuevo, llenando el lugar con sus palabras. - Su ropa está llena de sangre, o lo que queda de ella... A simple vista parece un crimen pasional, la víctima del secuestro aún respira. - Parecía ser que aquel que decía conocerle era el mandamás del lugar, los pasos se aceleraban cada vez que esa grave voz hablaba. - Tómale una muestra biológica a la víctima para el tanatólogo. Oh, y también llama a un ambulancia. -Concluyó y pareció que el ambiente tenso de la sala se hacía más soportable, dejaban su propia vida a algo casi sin importancia, pero ya no le importaba demasiado continuar viviendo.
Alguien le sujetó la cabeza una vez más. Sonrió con lo que le quedaba y abrió los ojos. -Buenas noches, Tim. -Aquella voz calurosa de siempre, sintió como unos labios le besaban sin permiso la frente.
- Buenas noches, John. -Respiró y su vista terminó por deshacerse. Se sentía desfallecer, tenía mucho sueño, cerró los ojos de nuevo.
- Es como si al cielo nocturno de una ciudad iluminada por focos, le quitaras las únicas estrellas que brillasen. Estaría solo. -Murmuró el moreno acariciando sus hombros. El fuerte olor a tabaco mentolado se azotaba contra su nariz.
- Pero yo no voy a irme nunca -Murmuró una vocecilla, al tiempo que echaba la cabeza hacia detrás y se posaba sobre quién lo sujetaba.
- Lo sé. - Murmuró la voz y después de aquello, las manos gentiles se volvieron toscas y le envolvió una vez más en uno de aquellos besos que tanto le habían terminado por gustar. - 0 Comments
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Difuso.
- ¿Somos novios?- Susurró, cuestionando lo que ya hacia tiempo que venía planteándose y ladeando muy levemente la cabeza hacia un lado, esperó una respuesta.
- Podemos ser lo que tu quieras. Puedes ser... -Empezó a enumerar con tono suave el chico de gafas con montura negra.- Mi amante. Mi juguete. Mi esclavo. Mi sirvienta. Mi profesor de matemáticas. Mi masajista. Mi cantante de rock favorito. Mi nana. Mi mascota. Mi mejor amigo por siempre... -Le miró con una sonrisa soñadora.- Pero eso no cambiará lo muy enamorado de ti, que estoy en este momento.
- Creo que me quedo con dos de ellas, no creo poder dividirme en tantas partes para ser todo eso y... Las matemáticas se me dan de pena. - Rió, aferrándose a aquel sentimiento.
El de gafas rectangulares se sonrojó como en los viejos tiempos, cuando le sintió tan cerca. Y viendo que su familia se había alejado más rápido que ellos, perdiéndose en el estacionamiento, se atrevió a girarse un poco hasta tomarlo de la cintura. Lo miró de frente y le llenó la cara de besos mientras lo atraía más y más, hasta que luego. Coloradísimo, prefirió separarse y asentir. Había estado emocionado. Lo había levantado del suelo para tener control en esas mejillas que había cubierto de caricias.
Llovía, le encantaba la lluvia y todo era...un sueño. Demasiado largo y entrañable.- 0 Comments
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La historia del Príncipe.
- -Lo siento.-No me interesan tus disculpas.-¡Lo siento!-Puedes ahorrártelas.Era de noche, Lily llevaba puesta una bata, estaba de pie con los brazos cruzados frente al retrato de la Señora Gorda, junto a la entrada de la torre de Gryffindor.-Si he salido es porque Mary me ha dicho que amenazabas con quedarte a dormir aquí.-Es verdad. Pensaba hacerlo. No quería llamarte sangre sucia pero se...-¿Se te escapó? - No había una pizca de compasión en la voz de la chica. -Es demasiado tarde. Llevo años justificando tu actitud. Mis amigos no entienden siquiera que te dirija la palabra. Tú y tus valiosísimos amigos mortífagos... ¿Lo ves? ¡Ni siquiera lo niegas! ¡Ni siquiera niegas que es a eso a lo que todos aspiráis a ser! Estáis deseando uniros a Quien-tú-sabes, ¿Verdad? - Snape abrió la boca, pero volvió a cerrarla-. No puedo seguir fingiendo. Tú has elegido tu camino y yo he elegido el mío.-No... Espera, yo no quería...-¿No querías llamarme sangre sucia? Pero si llamas así a todos los que son como yo, Severus. ¿Dónde está la diferencia?Snape no encontraba palabras, y ella, con una mirada de desprecio, se dio la vuelta y se metió por el hueco del retrato...Entonces el pasillo se disolvió, y la escena volvió a deformarse.
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- Tag : La Historia del príncipe
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Feliz 4 de Julio.
Así que ¿Cuánto tiempo hace ya?Oh sí, si mi memoria no me falla hace 234 años que te apartaste de mi lado para ser considerado un igual.Y también hacen 481 años en los que mi corazón no ha dejado de latir por ti un solo día.¿Son muchos años?Siempre estuvimos destinados a encontrarnos, a que por esas llanuras en las que el viento susurraba, se escapasen nuestras almas y pensamientos. ¿Me mentiste alguna vez? Claro que lo hiciste, cuando eras pequeño, claro. Muchas veces solías decir que permaneceríamos juntos hasta siempre, aún si estábamos seguros desde el primer día que seríamos separados cruelmente.Ahora estás de pie junto a mí en una foto, ambos con algunos años menos y una amplia sonrisa y no puedo evitar que por mi mente rueden los recuerdos y por mis mejillas las lágrimas.¿Piensas en mí ahora mismo?Porque deberás estarlo pasando realmente bien sin mí en tu glamourosa fiesta repleta de países a los que consideras tus amigos. Claro que también me invitaste, te gusta pavonearte y aún sin saberlo, hacer lucir todo realmente cruel.No puedo parar de mirar ese pequeño cuadro de plata muy fina, aquel que siempre guardo boca abajo sobre la mesilla y aquel que me arrepiento de levantar siempre.Luces genial, realmente nunca has dejado de lucirlo.¿Cómo podría decirte yo eso a la cara?No es algo que me pegase decir y a ti escuchar.Hace mucho tiempo que llevo arrastrando la tradición de quedarme en casa completamente deprimido y bebiendo el día en el que la persona más importante para mí en el mundo cumple años.¿Patético?¿Qué si te digo que en mi mente aún las gotas de lluvia impactando sobre el pavimento resuenan en mi cabeza?
Arthur Kirkland.- 0 Comments
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