Fuego.

    • Una vez me dijeron que el amor es como una llama,
      una inextinguible, fiera llama.

      En ocasiones yo también fui capaz de creérmelo,
      la rocé entre los dedos,
      la amé, aprendí a jugar con fuego.

      Ahora que esa llama se apaga,
      ya achicharrada,
      en el último de sus suspiros aún amo
      y casi ya me muero.
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Liar.

    • Y al final, así como al principio, dejaré de respirar. Flotaré, como lo hace la carne muerta sobre el agua salada y cuando lo haga olvidaré todo el odio, el amor inmerecido y las bonitas palabras basadas en malos actos.
      Sentirme culpable por decidir una vez hace tiempo hacerte mía, es todo cuanto puedo hacer.
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Gnomos Galácticos.

    • Me cogiste de la mano y me llevaste un montón de lejos, era culpa mía y sólo mía el haber confiado en ti ciegamente desde el primero de los principios y eso es algo de lo que pese a lo que nos suceda, no me arrepentiré.

      Éramos personas chiquitillas y solitarias en un  mundo donde los gigantes y las supernovas eran los héroes. "Cazadores de estrellas" como título provisional por encima de nuestras cabezas. Viajeros del espacio, adultos con complejo de enano. Éramos pequeños diminutos maduros con la orden de soportarlo.

      Guerras intergalácticas y zombies atontados habían a montones por todos lados. Nosotros los enfrentábamos porque éramos héroes de tamaño mediano. Pero los gigantones y las voraces estrellas ni siquiera nos hacían caso.
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Tic Tac, Tic Tac.

    • El reloj se detiene ante mi atenta mirada, castigándome por haberle contemplado quizás por demasiado tiempo. Tic tac, sin embargo mi cabeza lo escucha, mi cuerpo lo siente y no lo deja escapar. Tic tac, el reloj desmiente declarándome víctima del tiempo sonar. Tic tac, tic tac.
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Silencio.

    • Tres meses desde mis últimas palabras, tres muertes sin siquiera esperanza. Tres tal cual número de caídas, de espadas, de espinas. Dolor acurrucado entre los dedos que ya no envían fuerza a través de números sin medida. Dolorosa cantidad de silencios.

       He buscado inspiración en canciones con ritmos pausados y acelerados, he encontrado pasión en unos ojos castaños. Aquellos ojos castaños hay veces que me encuentran lejos, más de lo que mis pies por si mismos podrían situarse. Hay veces que me desespero.

      Solía tener miles de notas cibernéticas apuntadas en la memoria de mi teléfono pero una vez ellas se fueron, yo me tomé unas vacaciones demasiado largas. En esta ciudad donde todos son bestias, yo finjo ser el único cordero.

      Probablemente mi vida esté destinada al drama.
      Ya no quiero escribir.
      Qué haré cuando eso también se acabe para siempre.
      ¿Qué?
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Oda a la derrota.


    • Jamás habría pensado que el desenlace del camino fuese junto a ti, tumbados en una cama al borde del fin del mundo. Seguir a partir de este punto sería traicionarte, abandonarte aquí sería desertar las posibilidades románticas que tenía este pequeño amor esperanzado en partir a lo largo de una ciudad demasiado muerta en busca de algo de vida y sólo hallar derrota. Derrota que escapaba despedida por cada uno de los agujeros de bala que provocaban los fascistas en aquellos que no ocupaban los mismos ideales de dominio.

      Nosotros que bajo el yugo de aquella voz aguda sentíamos verdadero miedo. Nosotros que sentíamos el horror de los gritos de aquellos como nosotros que decidían morir con la cabeza alta antes que arrodillados. Nosotros que éramos tontos y jóvenes, yo que intentaba ser un poeta sin versos y tú un hombre de entendimiento.

      Ahora veo tu cadáver ahí, dulcemente reclinado sobre la paja y la piel de vaca disecada que aún huele a podrido. Eduardo, mi Eduardo, mi dulce niño con orgullo de cien hombres, hemos perdido la guerra. Yo he perdido, pero pudiera haber vencido.

      Hoy te he besado, Eduardo. Por vez primera te he besado. Casi olvido mis labios de no usarlos, qué terrible desdicha, ¡estabas tan frío!

      Me muero, Eduardo y siento que te he fallado. Cómo olvidar a Góngora y a Garcilaso cuando lo único que me quedaba para velarte era poesía. La derrota causa olvido, Eduardo y tú has muerto buscando victoria pero yo... yo moriré derrotado.
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Notas en una agenda.




    • 13/03/2013

      La primavera llega azotándose como la mano, 
      la que coge la flor y a su vez espera.
      Primavera, nerviosa nos devuelve
      flores de loto y semillas durmientes.
      Primavera, como amante risueña devuelve,
      lo que otoño robó en uno de sus dejes.

      04/03/2013

      Que tras levantarme me observas como nunca antes lo has hecho. Echándome en cara haberte dejado sola demasiado tiempo, cuando para mí no hubo lapsos sino copas mal bebidas en una noche de encuentros. Sin embargo y pese a mis disculpas sé que no existe un "lo siento". Son cosas que hago sola, ni siquiera me percato de ello y te quejas y yo tuerzo la boca hacia dentro porque sé que hablar no sirve de nada y dejo el hueco entre tus siseos para hacerme un poco que he muerto.

      Es cierto lo que dices o quizás no del todo, quién sabe ya eso. No dejo de repetirme que para ti, tu esperanza en mí ha muerto. Y quiero tantas cosas... Oh dios, quiero besarte la boca, decirte una vez más que lo siento. Si tan sólo, si únicamente supieses cuantísimo te quiero. Mi corazón, que por ti siente, ahora se halla sin anhelo.

      28/02/2013

      Lo quiere así de firme, como el mundo, danzando sobre sus dedos. Describiendo con pasión, el color de sus besos, queriendo hasta agotar el deseo.
      Soñando dejas de esbozar con los dedos palabras que danzan como gélidos inviernos. Tú, que gimes como si se te fueran esos sentimientos, que lloras y recriminas mis besos.

      22/02/2013

      Estaba oscuro y tal como se cernió la mañana sobre las casas blancas, tú sobrevolaste el alba.

      19/02/2013

      Despierta, vida mía. Despiértate encontrando bajo el hechizo de tus verdes ojos una ciudad bajo tus pies rendida. Despereza tus brazos como si quisieras abrazar el cielo y bosteza, bosteza y grítale a todas esas personas son ahora tan como antes éramos tú y yo, que se conviertan en gigantes.

      19/02/2013

      Dulce estupor del mar,
      ruego por que no me causes más lágrimas a mi pesar.
      Ruego por que concentres en mí tu amar y que a la mañana,
      cuando no podamos aguantarlo más,
      te cueles entre mis blancas sábanas y te dejes abrazar.

      15/02/2013

      Las sonrisas ya no eran más que eso, sino que con delicadeza; como la caída del rocío sobre la hierba, como cuando sobre mi hombro tú te quedabas dormida, así y no de otra manera, acababas con los grandes años de amor. 

      Porque no nuestro, sino de otros, serán las historias, los besos y los bailes sin ritmo ante la mirada de los gramófonos rotos.

      02/01/2013

      ¿Tienes miedo de dormir? No... no, tengo miedo de soñar. Tengo miedo de despertarme -de tener que vivir-, de recordarte, de quererte hacer feliz cuando tú ya no quieras y/o no estés. Tengo miedo de decepcionarte, de no ser capaz de cumplir tus expectativas, tengo pavor de tus numerosas, hirientes pero adorables mentiras, de tus "te quieros" que suenan falsos y ocupan el hueco de los silencios, de tus ojos que descubren en mí, sentimientos que aún tengo.
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Cajas.


    • Algún día creo que empezaré a guardar las cosas que ya no necesito recordar en alguna caja, como hago con los tickets, con las cañitas de todos los bares a los que voy, con los pines que tomé prestados para siempre, los bolis gastados que me dedico a morder en clase. Bueno, con esas cosas. Y que, con el tiempo, me iré olvidando de que existo y posiblemente también a todas esas cosas que ya estaban en la caja mucho antes de que canse y cuando necesite relajarme un poco, les de por comerse entre ellas; lo que me proporcionará más y más tiempo para dedicarme a mis particulares vacaciones mentales. Ya todo me dará igual porque ya nada será lo de antes.

      Pero algún día en que me dará por pensar fríamente como a veces me da, me arrepentiré de que algún día me dio por ir dejando parte de mí en una caja. Al abrirla, me daré cuenta de que lo poco que queda y ya no me parecerá tan memorable, ni tan especial, ni tan nada. Y todo por vaciarme un poco. Un poco más que por completo.

      ¿Merecerá entonces la pena sentirme tan desnudo solamente por un olvido de tantos que he llegado a sentenciar ya? 

      Dime, porque sé que después de todo el tiempo, de aquella vez que partí y tú que me estabas viendo no pensaste en hacer nada para detener mis pasos, sólo observabas con descuido mis zapatos carcomidos, con lástima porque ya me había ido. Alfred, pienso que si aquel día yo no hubiese tirado aquel arma al suelo, si tan sólo me hubiese mantenido apuntándote decidido, con la lluvia cayendo para fingir olvido, aún estarías dependiente de estas manos mías arrugadas, de una nación vieja. 

      Eres un país ahora, quizás escucharas mis lamentos mientras me alejaba por un mundo que no era capaz de decir nada. Pero es tarde ya, ¿no?
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La canción de su vida

    • Entonces sonaron un par de notas... tan suaves como el aire de la primavera en la mañana, y tan hermosas como el espectro de la luz blanca. Sentiste la triste canción que cantaba aquel hombre hasta el fondo del corazón y de tus ojos manó el sentimiento desesperado de estar sin estar, de amar sin ser amado y el despertar a una realidad no idílica, distópica, que se asomaba a tus deseos en una lágrima de sal. Tus ojos se apagaron un momento y... Silencio... Sólo hubo silencio por espacio de un tiempo, en el que tus ojos se fueron a otro mundo, otro universo aún más real que este en que estás viviendo; te perdiste en el silencio y... al despertar, el hombre te habló y te dijo el nombre de la canción, la canción de tu vida.
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Utopía


    • De cada día un sueño que termina,
      el silencio de respuestas que terminan en sonrisas
      que desprecias.
      De cada llanto un sueño que termina,
      en brasas de dolor intenso,
      en almas desaparecidas
      e infortunio eterno.
      De todo sueño un sueño que termina,
      un espacio vacío de mentes intelectuales
      que superan la pasión,
      que controlan al gigante al que llamo corazón.

      Pero el sueño sigue
      y es mejor desaparecer en la augusta noche de la soledad,
      en medio del campo de los sueños sin cumplir,
      a la mirada de los felices que,
      en abundancia,
      se burlan de nefastos personajes que corren en la noche,
      noche de sal, noche de frío de un verano inaccesible,
      en el que no queda más que llorar.
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